Si algo tengo claro en esta vida es que debo mis intachables valores morales a una infancia transcurrida bajo el cálido y amantísimo abrigo de la casa NINTENDO. La estética de sus juegos, repleta de vivos colores y personajes de formas redondeadas, me han convertido en el ser amable y bondadoso que a día de hoy me jacto de ser.
No obstante, en ocasiones un gélido escalofrío me recorre la espalda y me atenaza el corazón. Son los momentos en los que cavilo medroso y me pregunto qué habrá sido de esos otros niños de dudosa catadura moral que se decantaron por SEGA.
Y es que SEGA hacía gala de no pocos títulos que eran auténticos frescos del horror, sacados de un averno digital a golpe de escenarios feístas, hard rock MIDI macarra, nocturnidad, alevosía, violencia callejera, y otros tantos tags ignominiosos que si me paro a enumerarlos, no termino. Seguro que esos acólitos de SEGA ahora malviven en hediondos rincones del alcantarillado local, se dan el lote con grotescas concubinas mutantes, y comparten la manduca con cucarachas y ratas noruegas. Vaya un saludo para toda esa buena gente.
Los tipejos de SEGA también tuvieron sus aciertos, no obstante. Uno de ellos fue contar durante buena parte de los dorados 90’s con el coleguita YUZO KOSHIRO, compositor estrella y uno de mis más improbables héroes. El tema de esta entrada es un desesperado intento de emular su explosiva mezcla de Eurobeat hortera y techno poligonero (el genuino sonido de mi perdedorísima pre-adolescencia). Creo que no he salido muy bien parado, pero ¡oye! ¡la estás escuchando de gratis!
Me extendería más sobre el particular, evocando mis memorias consoleras en casas ajenas con la MASTER SYSTEM II y la MEGA DRIVE, y con la mágica GAME GEAR de mi primo en esa reserva espiritual de occidente que es el pueblo de Piera. Podría invocar centenares de momentos peque-proust, pero no quiero engañaros: todos serían de un interés muy discutible. Y además acaba de empezar una reposición de ESCENAS DE MATRIMONIO y no quiero perderme las lindezas que le suelta Avelino a la gorda de su señora. Ya retomaré este apasionante tema otro día. O puede que nunca. La segunda opción es la más probable.
Ah! El animal de hoy iba a ser el perro robot GENIBO, una suerte de can bizarro diseñado por SONY que se supone que hacía cosas así como de perro de verdad. Una vez vi uno en la sala de marionetas del parque de atracciones del Tibidabo y la decepción fue notable. Como creo que ya cumplido sobradamente mi cupo de spam de mega-corporaciones niponas por hoy, he pasado de todo y he dibujado al perro robot como me ha dado la gana. A veces soy así: desenfadado, rebelde, juvenil. Será mi lado SEGA…









